lunes, octubre 09, 2006

LA REPRESENTATIVIDAD DEMOCRATICA

En nuestro actual régimen político al que según la ciencia política se debe denominar partitocracia, se suele atribuir la representatividad a los representantes de listas cerradas de los partidos políticos que son elegidos en las diversas elecciones. Es mayoritaria la creencia que porque el pueblo elige cada cuatro años una lista entre varias, el parlamento saliente de dichas elecciones es representativo de la sociedad. Con mi amigo del alma, he discutido muchas veces de eso, pero lo que mas me ha sorprendido es que personas que luchan, como yo, por conseguir la democracia, son usuarias de esa misma opinión.
Sin embargo la renovación de la mayoría de un partido como el socialista de Felipe Gonzalez, sorprendido por casos diarios de corrupción, o que el estatuto catalán sea aprobado por el 90% de la clase política y tan solo por el 36% de la sociedad civil o que el partido que está contribuyendo a la liquidación de España como nación esté el primero en las encuestas de intención de voto, son argumentos suficientes para hacer reflexionar a los que todavía creen que este sistema es representativo.
Y es que naturalmente, el hecho de poder votar no da la condición de representativo a lo elegido, porque por la misma regla de tres podríamos llegar a la conclusión que como los referéndum del franquismo tenían aceptaciones de alrededor del 80%, las cortes de la llamada democracia orgánica de entonces, eran representativas.
Sin la posibilidad que tiene el elector de poder discriminar en su elección mas allá de una lista cerrada y acotada a un partido que representa un espectro ideológico y que solo los grandes partidos reciben medios económicos del estado para conseguir el voto mayoritario, no se puede hablar, en buena lid, de representatividad.
Esto último es fácil de comprender si se piensa que una persona de ideología de izquierdas, solo puede elegir entre estas posibilidades:

Ø Votar al partido mayoritario de izquierdas
Ø Votar a otro partido de izquierda aún sabiendo que obtendrá representación ínfima.
Ø Votar a un partido de derecha en contra de su ideología
Ø Votar en blanco o nulo
Ø Abstenerse de votar

Si pensáramos realmente que este sistema es representativo descartaríamos, lógicamente, las tres últimas opciones. En ningún caso este izquierdista tendría la mas mínima posibilidad de elegir a ningún representante, porque vienen previamente elegidos por los aparatos burocráticos de los partidos políticos y encasquillados en listas cerradas.
¿Se puede hablar de representatividad, donde no se puede elegir, sino algo que nos viene ya impuesto? Una reflexión parecida hacía en este mismo blog en el artículo sobre la libertad política.
En países de nuestro entorno y una vez alcanzada la opinión hegemónica del sufragio universal, los tipos de votos que existen son el proporcional y el mayoritario.

El voto proporcional, es el usado en nuestro sistema y supone el reparto proporcional del pastel entre los partidos mas votados, con claro perjuicio de las minorías que se ven condenadas al ostracismo político. De este modo no se exige ninguna responsabilidad a los cargos electos, es mas ni tan siquiera hace falta que sean conocidos.

El voto mayoritario uninominal a doble vuelta, donde se puede votar primero con el corazón y después con la razón, entre los mas votados, elimina todos los inconvenientes anteriores, pues el candidato tiene que darse a conocer, adquiere responsabilidad política frente al elector y este tiene a quien elegir en dos ocasiones. Al ser las elecciones en distritos pequeños, el conjunto de elegidos por voto mayoritario a doble vuelta se convierte en representativo de los ciudadanos, pues han sido elegidos sin la máscara de su imposición en las listas de los partidos, con la aceptación de un programa que presenta él y al que él se compromete ante el elector. Mediante la atomización de los distritos se evita el efecto perverso que causaría la exclusión política de las opciones no mayoritarias.

En la democracia que proponemos mediante el voto mayoritario no sería necesario que los candidatos pertenecieran a los partidos políticos, se podría presentar cualquier ciudadano, con propuestas ideológicas aplicables.
Desde aquí quiero mandar una reflexión seria a todos los ciudadanos de bien que todavía no se han sacudido del engaño de que vivimos en una democracia. La reflexión en penumbra, es la antesala que conduce a la puerta que nos lleva a la luz del día.

2 comentarios:

Ottinger dijo...

Como modelo teótico no está mal, aunqeu tiene sus lagunas (como todos). El problema es que lo que propones debe llevarse a la práctica y es ahí donde falla la argumentación. En una forma de hacer política en la que la mediatización es la que marca lapauta de desarrollo y éxito de una campaña, a cualquiera que no tiene acceso a los medios le resultará casi imposible hacerse oir. Y como ejemplo la plataforma "Ciutadnas de Catalunya".

Luis Alonso Quinano dijo...

Bienvenido Ottinger a este blog

Es una satisfacción personal contar con alguien al que la curiosidad le ha hecho opinar sobre los temas que escribo.
Dices que propongo un modelo teórico que no ves posible llevarlo a la práctica porque no pasará el filtro de la representatividad en este régimen oligárquico, como ocurrirá a Ciudadanos de Cataluña.
No reparas, sin embargo, que lo que propongo no es presentarnos a unas elecciones con este sistema, donde, efectivamente, las posibilidades, no ya de ganarlas, sino de alcanzar representación en este régimen son ínfimas, debido a la asignación económica de los medios para promocionar las candidaturas por los resultados de las anteriores convocatorias; que hace que el recién introducido apenas tenga recursos económicos ni divulgativos para promocionarse.
Es lo que les pasará a Ciudadanos de Cataluña, cuyo drama no será tanto que no saquen un escaño, como que lo saquen, porque además de estar legitimando este régimen corrupto, la sociedad finiquitará a la única posibilidad oriunda de alternativa al nacionalismo catalanista totalitario.
Desde aquí se propone una disolución de la actual constitución de 1978, el establecimiento de un proceso constituyente dirigido y vigilado por la ALCD y organizaciones ciudadanas afines, para la elaboración de una constitución basada en la democracia formal con un régimen presidencialista, con división de poderes y con elecciones con voto mayoritario (democrático) con posibilidad de revocación en caso de incumplimiento (libertad política).

Saludos cordiales.