uesta de Rajoy de librar del impuesto sobre la renta a los llamados “mileuristas”, la proposición de Artur Mas de apoyar, después de anatemizarlo, al PP en caso de que este lo necesite, si “bendicen” el estatuto de Cataluña recientemente votado, la amnistía política otorgada por Zapatero a la incompetente ministra de fomento a cambio de una partida presupuestaria especial para el nacionalismo vasco o su ofrecimiento a Bono de la presidencia del Congreso antes de que se constituya este, son todas ellas, acciones producto de una actuación en el ejercicio del poder caracterizada por la irresponsabilidad, la demagogia, la ausencia de democracia y la corrupción económica y moral de este régimen partitocrático.Para las próximas elecciones, la ínclita ministra, mantenida en el gobierno a cambio de cesiones presupuestarias a los que les apoyan en el parlamento, irá la primera en una lista de la provincia que sea y la ciudadanía progresista de esta no tendrá mas remedio que votar esa lista o hacerlo por la conservadora del PP, con la nariz tapada. Todavía quedan ciudadanos que tienen la suficiente dignidad para abstenerse de esto último.
Esto es en sí, una prueba irrefutable de falta de división de poderes, donde el parlamento está totalmente controlado por el poder ejecutivo y en situaciones como esta de falta de mayoría, basta con contentar a los componentes del pacto de partidos que lo mantiene en el poder.
Por si faltase un botón, la propuesta del presidente del ejecutivo a Bono, para ocupar nada menos que la presidencia de la institución que en teoría tendría que controlar a aquel, ¡para la próxima legislatura!

El presupuesto del Estado, se fabrica con trampa y se reparte atendiendo a cuestiones oportunistas de intereses de partido, con total intransparencia y con partidas opacas al control, cuando debería hacerse según los intereses de los ciudadanos; tendrían que ser aprobados y redactados con sus partidas bloqueadas para garantizar el gasto correcto, según las mismas. En un parlamento no representativo de la sociedad, esto es francamente difícil.
El oportunismo político, como máxima indignidad del mandatario, es evidente en el hipócrita líder de los convergentes catalanes, que después de cansarse de decir que el PP es un partido que ataca directamente los intereses catalanes, después de montar ese circo de presentarse ante un notario para que levantase un acta de que jamás CIU pactaría con el PP, ahora dice que sí lo haría con condiciones.
La propuesta irresponsable de Rajoy, que amenaza con limpiar las arcas públicas, además de injusta, pues todos debemos contribuir en mayor o menor medida a los gastos públicos, es prueba de lo fácil y gratuito que para uno puede ser alcanzar el poder en esta oligarquía. Basta con una certera propuesta populista, dejando sin reacción al contrario, aunque tenga consecuencias nefastas para la economía, para poder alcanzar la poltrona en un plebiscito cuatrienal, que es el único escollo que tiene que pasar el político profesional perteneciente a partidos de voto mayoritario. Y de esto sabe también lo suyo Zapatero.
Estas acciones recientes y de hechos objetivos, deben despertar al ciudadano hipnotizado por estos encantadores de serpientes, que nos quieren hacer creer que aquí existe la democracia.
En un sistema de separación de poder, con instituciones representativas de la sociedad, todos estos sucesos políticos serían imposibles de acaecer.
La ministra podría ser depuesta por un legislativo independiente y con candidatos elegidos directamente por el pueblo, con la amenaza de autodisolverse y convocar nuevas elecciones. Amén de si el poder judicial considera que existe responsabilidad penal en sus irresponsables actuaciones.
El presupuesto se realizaría por acuerdos mayoritarios entre los diputados elegidos directamente por los ciudadanos según sus propuestas. Al responder cada uno a los intereses de los ciudadanos que lo han votado y estar controlados por estos en su acción y por el poder ejecutivo el presupuesto final aprobado, se hace necesario que este tenga que ser bien estructurado, claro y con garantía de un cumplimiento riguroso, so pena de ser impugnado por el gobierno o por el poder judicial.
El Sr. Más, no le tiraría los tejos a otra fuerza política, sino que debería hacer un programa que sintetizase unas propuestas, para garantizase ser elegido por los ciudadanos de su comarca o distrito electoral.
De la misma manera, carecería de sentido que Rajoy propusiese acciones de ley pues deberían hacerlas los candidatos al poder legislativo en sus distritos.
Sería del todo impensable que el presidente del ejecutivo, propusiese el cargo de presidente del Parlamento, si este fuese una institución nacida de candidatos elegidos por voto mayoritario en comarcas electorales y aquel fuese elegido, del mismo modo en distrito único nacional, en elecciones independientes.
Pero aquí el problema está en que los partidos hacen y deshacen a su antojo, leyes, instituciones y hasta opinión publica a través de unos medios afines, todo ello al margen de la sociedad civil.
La democracia, por tanto, debe venir de nuestra mano para permitir, bajo nuestro estricto control, la ocupación por parte de los políticos de las instituciones del estado para que se cumpla su mandato contenido en programas elegidos libremente por voto mayoritario.





Para los que defendemos la democracia como un sistema político basado en la división de poderes y el control ciudadano de los cargos públicos, frente a esta oligarquía de partidos políticos, diariamente nos encontramos con ejemplos que clarifican su funcionamiento.






La regla de la mayoría igual vale para la representación política como para la aprobación de cualquier propuesta. ¿Acaso no se usa para aprobar las leyes en el parlamento o en las asambleas periféricas? ¿Por qué entonces no usarla también en las elecciones? Puro ejercicio de cinismo oligárquico.
Imaginemos por un momento que el votante tuviera oportunidad de elegir a cada uno de esos candidatos por separado. Podría elegir, por ejemplo, a alguien que se comprometiese a poner una biblioteca virtual, donde estuviese garantizado el acceso a cualquier libro de cualquier biblioteca del mundo. O a un candidato de mi distrito que se comprometiese a becar estudios para revolucionar los sistemas de riego, problema principal de mi localidad. Y a otro, fuese del partido que fuese, que garantizase la asistencia gratuita de niños para familias con un determinado nivel de renta. Y que además se comprometiese a habilitar las bibliotecas y grandes salones de la zona como puntos de encuentro cultural entre los jóvenes, con promoción de actividades para el tiempo libre, lo que constituiría una alternativa seria a la cultura del botellón y de la movida. O a cualquiera de los que realiza una de las propuestas enumeradas anteriormente, que me beneficiase o en la que personalmente tuviese interés.
Los avances tecnológicos, culturales, políticos y económicos experimentados en el mundo hacen imposible pensar en la democracia directa en la que el ciudadano, por turnos o sorteo, forme parte de las instituciones políticas como ocurría en la antigua civilización griega.







No hay que ser un lince para darse cuenta que una participación del 36%, junto a una abtención técnica (votos en blanco mas nulos) estimada en el 10%, da una participación real del 26%. Aunque de ese 26%, el 87% de su aprobación, el respaldo es de un pírrico 23% del censo total. Si eso es un respaldo incuestionable, que venga Dios y lo vea.

